Stella Castro Miranda

Psicóloga Clínica y Musicoterapeuta


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Aportación del Premio Nobel Kahneman

“La felicidad está en los ojos del que mira.”

En su aportación más reciente, Kahneman ha extendido sus teorías al ámbito más accesible y cotidiano de la felicidad personal o, más bien, a nuestras apreciaciones subjetivas sobre ella. Y, por supuesto, en este terreno nuestros juicios son también sesgados y pueden jugarnos malas pasadas si hacemos que de ellos dependan cosas como hasta qué punto valoramos a nuestra pareja o estamos contentos con el barrio o el país en que vivimos.

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Kahneman ha demostrado que cuando evaluamos retrospectivamente nuestras experiencias negativas pasamos por alto una dimensión tan fundamental como su duración. Cuando, por ejemplo, valoramos sobre la marcha el dolor físico producido por un tratamiento médico o el dolor psicológico derivado de un proceso de separación, nuestra apreciación es ajustada al dolor actual. Sin embargo, cuando la evaluación es retrospectiva nos basamos fundamentalmente en el momento en que experimentamos más dolor y en el grado de dolor que experimentamos al final del tratamiento (o cuando se consumó la separación), sin tener en cuenta su duración total, es decir, la cantidad total de dolor experimentada.

Los sesgos aparecen igualmente cuando nos comparamos con los demás. Dos personas que viven en distintas regiones pueden considerarse igualmente felices, pero cuando una de esas personas se compara con la otra tiende a considerar que esta es más feliz si vive en una región de mejor clima o en la que el acceso a diversiones o bienes culturales es mayor. La percepción de lo felices o desgraciados que somos es, por tanto, subjetiva y, en el sentido clásico, irracional.

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